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La Huaridanza de la región Áncash es desde hoy Patrimonio Cultural de la Nación

Por su carácter original, particular estética visual y sonora, y la devoción con que es mantenida por la comunidad.

El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la danza Huaridanza, del distrito y provincia de Huari, en el departamento de Áncash, por constituir una carta de presentación de dicha localidad en virtud de su carácter original, su particular estética visual y sonora, y la devoción con que es mantenida por la comunidad de portadores

Así lo dispone la resolución Viceministerial  N° 000115-2021-VMPCIC/MC publicada hoy en el boletín de Normas Legales del Diario Oficial El Peruano.

Otra de las razones para este reconocimiento a la Huaridanza, responde a que representa la veneración que el poblador huarino tiene hacia la cruz cristiana emplazada dentro de su territorio, la cual se ha mantenido y potenciado tras el sismo de 1970 y el fuerte proceso migratorio que trajo como secuela esa circunstancia.

Asimismo, por constituir actualmente una expresión mantenida y transmitida de generación en generación por las familias que componen cada barrio, centro poblado y caserío de la mencionada localidad.

Orígenes de la Huaridanza

La Huaridanza también conocida como Huari taki o Los Caballeros de Huari, tiene sus orígenes desde los tiempos prehispánicos  con influencias españolas, porque la ciudad de Huari fue fundada como reducción y bautizada como Santo Domingo de Huari en 1572.

En aquel entonces estuvo repartida en cuatro barrios: San Juan, cuyo nombre original es Alqopampa, ubicado al suroeste de la plaza central; Milagro, llamado originalmente Pukutay, ubicado al sudeste; El Carmen, también llamado Hekchá, ubicado al noreste y San Bartolomé o Yanacancha, ubicado al noroeste. En todos esos barrios  existen cruces guardadas en sus respectivas capillas, más una perteneciente al mismo centro de la ciudad. 

Tras el terremoto que sacudió el Callejón de Huaylas en 1970, que destruyó la iglesia original de Huari y sobre el cual se levantó el templo actual, han aparecido por la migración masiva otros cuatro barrios, llamados Villa Cruz HircánVirá, Santa Rosa Callao, también con sus cruces, haciendo un total de nueve cruces en el centro urbano del distrito.

Las cruces son objeto de homenaje en la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz,  cuya fecha central es el 14 de setiembre y se celebra en la capital del distrito. En la fiesta participan todos los barrios y parte de los caseríos de Huari.  Este sería el escenario original de la expresión dancística conocida como Huaridanza.  


Representación

Esta danza se representa tradicionalmente en todo el distrito de Huari, tanto en la capital, con los ocho barrios que la componen, como en los centros poblados y caseríos que están dentro de su jurisdicción y donde se celebra a una cruz local.  Desde la segunda mitad del siglo XX, la Huaridanza se ha hecho presente también en la fiesta patronal de la Virgen del Rosario, que se celebra en octubre. 

En la última década, se ha incluido a esta expresión en las celebraciones de la fiesta de la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto. Actualmente, la Huaridanza es, junto a la danza Pallas de Huari, una de las expresiones que caracterizan al distrito dentro del variado repertorio dancístico de la región ancashina. 

Danzantes y vestimenta

La cuadrilla de la Huaridanza está compuesta tradicionalmente de cuatro danzantes y dos músicos de flauta y tambor llamados cajeros. Así se mantiene en los caseríos, mientras en que los barrios de la misma capital pueden ser ocho danzantes, e incluso contar con un capitán o guiador como un integrante más. En algunos casos son acompañados por dos Pallas, integrantes de otra comparsa de baile del distrito de Huari.

El traje base es una vestimenta formal, un conjunto de terno de color azul o negro, camisa blanca y corbata. El terno es cubierto por un pañolón, de tela floreada y con flecos, amarrado sobre el pecho. En la cintura, al lado derecho, se lleva un fajín o ceñidor de pana bordada con hilos dorados. En sendos bolsillos del saco se llevan dos pañuelos. 

La cabeza es cubierta, con excepción del rostro, con una pañoleta blanca, cosida al cuello, llamada uma paño, y el rostro es cubierto con una máscara de malla rosada, con un rostro pintado de grandes ojos, cejas, bigotes y una pequeña barba de lana. 

El tocado es un sombrero de paja toquilla, de color blanco, con el ala delantera levantada, cuya copa luce una cinta de color cuyos extremos caen sobre la espalda, y sobre la cual una corona de armazón de alambre sujeta un arreglo de flores artificiales

La cinta que adorna el sombrero, la que sujeta el pañolón, y los pañuelos del saco, han de ser de seda del mismo color. Los pantalones son arremangados a la mitad de las piernas, que en cambio son cubiertas hasta las rodillas por un escarpín de pana negra, sobre el calzado de vestir. 

Atadas a las rodillas lleva rodilleras de pana, ricamente bordadas, con hileras de 35 a 40 cascabeles cada una, cuyo gran peso es entendido como una forma de penitencia que debe llevar a cabo el danzante como parte de su devoción a la cruz. 

Por último, llevan guantes blancos, y un chicotillo o bastón de mando, con un cabezal de plata o bronce, usualmente en forma de una cabeza de perro, y un gancho en su parte inferior, del cual pende un látigo hecho de tiras de cuero fino entrelazadas.


Instrumentos y música

La música es de caja o wanqar y de pitillo o pinkullo, combinación común en la música de la sierra norte peruana. Dos músicos, conocidos como cajeros, portan un pinkullo, flauta con embocadura de pico, conocida como shullún, que tiene cuatro orificios, tres delanteros y uno posterior, y se toca con la mano izquierda. Este instrumento se hace con madera de waroma, usando una rama recta y sin protuberancias. 

El otro instrumento es la caja o wanqar, membranófono hecho de corteza de eucalipto con parches de cuero de animal, de un diámetro de aproximadamente 80 centímetros. Este tambor es llevado al hombro izquierdo y batido por la mano derecha por una baqueta. 

La elaboración de estos instrumentos suele correr por cuenta de los propios intérpretes, y requiere de un profundo conocimiento de sus materiales. Las tonadas que se interpretan siguen un patrón tradicional durante la mayor parte del desempeño de la cuadrilla. Solamente en las ocasiones en que se invita a un baile general se interpretan chuscadas, género de danza y canción popular de la región ancashina, considerado por algunos como una versión regional de huayno.

Coreografía

La coreografía del Huaridanza tiene tres momentos fundamentales, que son “La llamada”, momento en que los danzantes hacen el recorrido formando círculos, con la apoyatura rítmica en el cuarto compás; “El arrebato”, que es un paso ligero, y el jaleo o zapateo, con un paso fuerte a modo de fuga de huayno, con el que terminan sus presentaciones. 

Se cree que los orígenes de esta danza se encuentran en la fiesta prehispánica del pocoy mita, de carácter agrícola, antiguamente difundida entre los pueblos de la región, que celebraba la llegada de las primeras lluvias entre setiembre y octubre. 

Se registra que en estas fechas se bailaba una danza dedicada a las huacas y a los mallquis o ancestros, conocida como huaricu, en la que se soplaban los cráneos de los venados a modo de instrumento de viento. 

Al parecer, la adopción de las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz y de la Virgen del Rosario, celebradas en los meses de setiembre y octubre respectivamente, se debe a su coincidencia con el tiempo del pocoy mita, siendo un resultado de la política de sustitución de los cultos operada por las campañas de evangelización católica. 

Es significativo que la Huaridanza se interprete en fiestas religiosas que se llevan a cabo durante las fechas en que se inician las lluvias, aunque sea formalmente distinta de la danza prehispánica que le ha precedido.

Los preparativos de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz se inician en agosto y recaen en una serie de cargos, desde los alféreces distribuidos por cada día que dura la fiesta a los cargos menores dedicados a temas específicos como los capilleros, encargados de armar los altares donde serán colocadas las cruces, las artesanas y artesanos que elaboran los cascabeles de bronce para las rodilleras de los bailarines de la Huaridanza y las coronas de flores para los sombreros, los coheteros que arman las avellanas o fuegos de artificio, y los músicos, entre ellos los cajeros

Las danzas de la fiesta, entre ellas la Huaridanza, tienen sus respectivos capitanes, que se encargan de convocar a sus conjuntos para los ensayos, el arreglo y renovación de vestimentas y la presentación en los días de fiesta. El primer día de la fiesta, el día de la víspera, 13 de setiembre, las cuadrillas salen por primera vez, convocadas por el capitán, reuniéndose para ir al templo para ofrecer sus saludos a la santa cruz, entrando de dos en dos para expresar su adoración y formular sus deseos a la imagen, procurando no darle la espalda al retirarse. 

Sigue el rompe calle o gashay, recorrido festivo de la cuadrilla por las plazas y calles de Huari, con paso de zapateo, yendo a saludar a los funcionarios de la fiesta, al alférez y los capitanes de las otras danzas, siendo obsequiados con bebidas.

En este día se hace el arreglo y renovación de los adornos de las cruces de los barrios y caseríos, costumbre llamada macetakuy, a la que sigue la ceremonia de la velación de las cruces, debidamente adornadas y ataviadas, y la procesión de las mismas por los alféreces de los barrios, cada una con su respectiva procesión desde su barrio de origen hacia la Iglesia central de Huari, para la misa de vísperas. 

Las cuadrillas del Huaridanza se presentan en la procesión, pero en esta primera aparición sus danzantes están vestidos con ponchos y máscaras de lana, animando a un gran baile general que se dará en la plaza hasta la mañana siguiente. El día central, 14 de setiembre, las cuadrillas de la Huaridanza aparecen con su atuendo característico. 

En formación de pasacalle, acompañan a la procesión de la cruz de cada barrio, que recorre las calles de los barrios respectivos hasta coincidir en la plaza central, haciendo una salutación con las manos cruzadas sobre el pecho a su paso por cada esquina de la plaza, en referencia a cada una de las cruces de los cuatro barrios. 

Luego, las cuadrillas visitan las casas de las autoridades principales del distrito, a rendirles homenaje y ser, a su vez, agasajadas por éstos. 


La danza que acompaña esta visita formal consta de tres momentos, “La parada”, o demostración de la coreografía de la Huaridanza, la tinya con fuga de huayno, y el baile de agradecimiento, llamado “El bendito”

De vuelta a la plaza, se realiza el tinkunakuy; es decir, el encuentro entre las cuadrillas de los barrios. Los músicos interpretan chuscadas mientras los danzantes animan a los presentes a participar en el baile general. 

Al finalizar la fiesta, los danzantes hacen un último recorrido por las calles bailando con pañuelos blancos en la mano derecha, lo que es llamado wapiada o despedida, hasta el amanecer del tercer día de fiesta.

Fiesta de la Virgen del Rosario

La fiesta de la Virgen del Rosario, llamada popularmente Mama Huarina, también muy importante en el ciclo festivo de Huari, es, desde la década de 1960, el otro escenario de presentación de la Huaridanza, que comparte con otras danzas como las Pallas y el Sarao

En esta fiesta, que se celebra entre el 27 de setiembre y el 6 de octubre, y luego el 14 de octubre, día de la Novena de la Virgen del Rosario, participan cuatro cuadrillas de la Huaridanza, en representación de los cuatro barrios tradicionales de la capital de distrito: San Juan, Milagro, El Carmen y San Bartolomé.

Estas cuadrillas se presentan en los días principales de esta fiesta, llamados el Día Central, la Segunda, la Octava y la Subida, siendo convocadas formalmente por los alféreces encargados de cada uno de estos días. 

A las ocho de la noche del día siguiente, 6 de octubre, se celebra la Misa de Vísperas. Al finalizar la misma aparecen las cuadrillas de la Huaridanza, con su traje completo, entrando a la iglesia a realizar su saludo en señal de adoración a la Virgen. 

Pasado este momento, las cuadrillas de danza y sus músicos, autoridades locales y barriales, alféreces y población en general salen a la plaza para participar en un baile general, animado con los castillos de fuegos artificiales. 

El día central, 7 de octubre, los elencos de la Huaridanza, Pallas y Sarao participan en la Misa de Fiesta de las 11 de la mañana, y luego forman parte de la procesión, compuesta por las imágenes de la Virgen del Rosario, de Santo Domingo y de San Francisco, en sus respectivas andas, a lo largo del día.  Esta secuencia se reproduce al día siguiente, 8 de octubre.

El 14 de octubre se celebra la Octava de la Virgen, la cual se convoca nuevamente a los danzantes de la Huaridanza y de otras comparsas a participar en una secuencia similar de rompe calle, víspera y día central con misa, procesión, baile general, banquete y castillos. 

Para el caso, se convoca además a cuatro grupos de la Huaridanza de los barrios, pero compuestos por integrantes distintos de la vez anterior. La parte final de la fiesta, conocida como “La subida”, es la ceremonia de colocación de la imagen de la Virgen en su espacio original, marcando la cuarta y última procesión con la que concluye la fiesta. 

La Huaridanza se interpreta esta vez con el paso de la wapia, batiendo sus pañuelos en señal de despedida. Al finalizar la procesión, se realiza por votación de cada barrio el nombramiento de entre los danzantes a un nuevo capitán de cuadrilla, que se hará cargo del desempeño de su respectivo grupo para el año siguiente. 

En la parte final de la resolución, se encarga a la Dirección de Patrimonio Inmaterial, en coordinación con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Áncash y la comunidad de portadores, la elaboración -cada cinco años- de un informe detallado sobre el estado de la expresión declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

De este modo  se busca que el registro institucional pueda ser actualizado en cuanto a los cambios producidos en la manifestación, los riesgos que pudiesen surgir en su vigencia y otros aspectos relevantes, a efectos de realizar el seguimiento institucional de su desenvolvimiento y salvaguardia, de ser el caso.
La resolución está firmada por la viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Leslie Urteaga Peña.

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