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Samay: un emprendimiento con sabor amazónico en medio de la pandemia

La experiencia de Estefany Guevara con los negocios y la asesoría de la Alianza Crece

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¡Despedidos! El administrador del hotel había escuchado palabra por palabra el mensaje del Presidente de la República anunciando la primera cuarentena total por covid-19 y no veía otra salida: sin vuelos comerciales ni buses en las carreteras, ningún turista llegaría a Tarapoto por un buen tiempo.

En marzo del 2020, el trabajo remoto, la licencia con goce de haberes y –en última instancia– la suspensión perfecta, eran paliativos para el mundo del empleo formal. Pero esa era una realidad poco conocida en la Amazonía.

“¡Estoy despedida!”, pensó esa misma noche Estefany Guevara Saavedra, licenciada en Turismo por la Universidad Nacional de San Martín, bartender, guía oficial de turismo y aficionada a la repostería. Y más que por el trabajo, se preocupó por las 17 cuotas que le faltaba pagar al banco para cancelar la motocicleta que había sacado a plazos.

“¡Qué paradoja!”, se dijo: había comprado una moto lineal para hacer más fácil el viaje de su casa al trabajo en el hotel y ahora era una desempleada más en un país en emergencia sanitaria.


Hizo sumas y restas y llegó a una conclusión rápida, sin mucha aritmética: debía encontrar una forma de ganarse la vida con lo que tuviera a la mano y generar un excedente para pagar la moto. La deuda era un dolor de cabeza.

Y se le ocurrió entonces que, como todo el mundo estaba obligado a quedarse en casa, ella podía quebrar el tedio del encierro con un dulcecito vespertino. “¿Te provoca una torta de chocolate? Estefany te la prepara”. “¿Se te antoja un arroz con leche? Estefany te lo trae”. “¿Un tamalito, una humita, un pastel de manzana? Aquí está Estefany, por si acaso”.

Así, entre abril y mayo del 2020, la entusiasta licenciada Guevara creó un servicio sencillo, lo promocionó en redes sociales entre sus conocidos y le puso un nombre que para ella tenía un significado especial: “Samay, antojitos y detalles”.

Comenzar de nuevo

En el quechua lamista de San Martín, ‘samay’ quiere decir ‘descansar’; y en el quechua andino, ‘de vuelta a la vida’. Estefany indagó un poco más y encontró que en camboyano ‘samay’ significa ‘extraordinario’, ‘nuevo’. El emprendimiento era eso y más para una joven de 26 años, titulada y desempleada, sin trabajo pero con deudas: un ‘comenzar de nuevo’ en medio de la pandemia.

En junio de ese año, el virus tocó la puerta de los Guevara Saavedra y, felizmente, Estefany pudo curarse sin transitar por el trauma de los balones de oxígeno y las cánulas de alto flujo. Recuperada, pensó que necesitaba fortalecer sus habilidades para gestionar su pequeña empresa y decidió seguir un diplomado en negocios. Pero no tenía la plata para cancelar la matrícula.

En esas estaba cuando su hermano –que no había perdido el trabajo en la cuarentena– se le acercó con cinco billetes azules en mano: “Te presto 500 soles, pero tú decide si lo que necesitas es un curso, que te va a demandar medio año, o equipar tu cocina para mejorar desde ahora mismo la preparación de tus postres”.

Valoró la generosidad de su hermano y agradeció, sobre todo, su claridad para plantear la disyuntiva. Estefany tomó los 500 soles y compró desde moldes para kekes de varios tamaños hasta insumos de pastelería y repostería fina. Y se lanzó al mercado a ofrecer sus productos aprovechando todos los contactos que había creado en sus tiempos como trabajadora de hotel, como guía de turismo y bartender.

Innovación rural

Hace memoria y afirma: “En el 2021, las cosas comenzaron a mejorar en Tarapoto y mi negocio creció un poco”.

También en el 2021, Estefany se enteró del Programa Innovación Rural que impulsa la Alianza Crece –de Cedro y Usaid– en Huánuco, Ucayali y San Martín, con la colaboración del Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad del Pacífico (Emprende UP).

Le pareció una oportunidad interesante y decidió seguir la propuesta de capacitación en preincubación de negocios, entre abril y octubre: “Con tal de aprender, yo siempre digo ‘Sí, sí, sí’ –asegura–. Todos los días aprendo algo”.
En principio, se llevó una sorpresa: pese a que su emprendimiento crecía, no estaba haciendo las cosas de la mejor manera. Sus asesores le explicaron que empleaba demasiado tiempo y fuerzas en atender “todo tipo de antojos”, una demanda dispersa con la que sería difícil crecer en serio.

“Antes de llegar a la Alianza Crece y Emprende UP, yo abarcaba demasiadas cosas –admite Estefany–; me faltaba tiempo, invertía mucho dinero en ingredientes y materiales y, encima, tenía poca ganancia”. En consecuencia, ‘Samay’ debía enfocarse en los productos que dejaban mayor margen.

Con ayuda de estudiantes de los últimos ciclos de la Universidad del Pacífico, evaluó sus habilidades, sondeó el mercado y decidió centrarse en tres líneas: tortas, catering y ‘detalles’ (desayunos, licores, cupcakes y sorpresas para cumpleaños y aniversarios).

Enamorada de San Martín

El valor agregado de ‘Samay’ está en los ingredientes: Estefany prepara tortas con panela, hace kekes de café orgánico cultivado en las cooperativas de San Martín, personaliza sus tortas con uvas del licor conocido como ‘uvachado’, hornea cheesecakes de aguaje y sirve tartaletas de frutas regionales.

Cuando hace servicio de catering para instituciones públicas y empresas privadas, innova con brochetas amazónicas donde intercala el tacacho con pescados de río, sorprende con empanadas de paiche y doncella, decora sus mesas con iconografía de los alfareros de Chazuta. En pocas palabras, está enamorada de su región.

Dos años y dos meses después de quedarse sin empleo, hoy Estefany da trabajo fijo a dos personas y contrata por campañas a otras dos: cuatro historias –cinco, con la suya– que toman un nuevo rumbo pese a la pandemia.

Además, gestiona con orden su negocio, gracias a las lecciones de la Alianza Crece, y ahorra puntualmente para cumplir su sueño de abrir una cebichería propia en el distrito de Morales para la que ya eligió nombre, ‘De Mar y Selva’. Allí seguirá poniendo a prueba su amazónico espíritu emprendedor.

¡Ah, ya terminó de pagar la moto!

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