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Conoce la exitosa conservación de pastizales con siembra y cosecha de agua en Arequipa

Comunidad altoandina criadora de alpacas conserva frágil ecosistema frente al cambio climático.

Los Andes peruanos abarcan el 28 % del territorio nacional y gran parte está compuesto por praderas y pastizales. Son ecosistemas frágiles que sostienen la crianza de camélidos, principal medio de vida de las comunidades de estas zonas, y son vitales en la resiliencia al cambio climático dado que almacenan importantes toneladas de carbono, impidiendo que vayan a la atmósfera.

Pese a su enorme valor, la mayoría de praderas y pastizales enfrentan continuos procesos de degradación debido al sobrepastoreo y a la disminución del caudal de agua, lo que constituye un desafío para quienes dependen de ellas para vivir.

Conscientes de esto, las comunidades de la provincia de Caylloma, en los Andes de Arequipa, se organizaron y crearon una cadena productiva basada en la conservación. Para lograrlo empezaron un proceso de restauración ecológica, que ha permitido recuperar 10,000 hectáreas de pastos con los cuales alimentan a sus camélidos. Sembrando pastos nativos como la chilligua, enfrentan la degradación del suelo y la falta de forraje.

Siembra y cosecha de agua

Pero eso no es todo. La siembra y cosecha de agua es otra técnica que utilizan en las pequeñas lagunas que se abren paso en la pradera. En ellas, durante las épocas lluviosas, almacenan agua para las temporadas secas. Así aseguran alimentos y reducen la mortalidad de sus animales.

“El agua es todo para nosotros. La siembra y cosecha del agua nos está ayudando en las temporadas donde antes no teníamos agua”, sostiene Marcelino Condori, miembro de la Asociación de Productores de Camélidos y Artesanos del Distrito de Tisco, que lidera esta iniciativa con soporte técnico y financiero del Programa de Pequeñas Donaciones del GEF (PPD), que implementa Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con respaldo del Ministerio del Ambiente.

Pastoreo rotativo

Además de estos esfuerzos, las familias alpaqueras deben cambiar de hogar cada tres meses para evitar el sobrepastoreo. De esta manera sus animales pastan dentro de los terrenos que les toca en esa temporada, permitiendo que las demás áreas se regeneren para la próxima estación. Esta técnica se llama pastoreo rotativo y es la clave para entender la vida en la pradera.

La restauración también les permite recuperar especies en peligro como las alpacas Suri de color, que producen la fibra más valorada del mercado. Su pelaje puede llegar a crecer hasta 20 centímetros, casi el doble que el de sus parientes de raza Huacaya, y sus colores naturales son un gran atractivo para la industria textil.

Gracias a los esfuerzos que hacen los alpaqueros y las alpaqueras para conservar sus paisajes y sus especies, las personas que se dedican a la artesanía textil tienen más oportunidades para salir de la pobreza ya que pueden trabajar con fibra de mejor calidad y venderlas a un mejor precio.

Esta experiencia forma parte de la lucha global por un futuro sostenible que este año se fortalece con el inicio del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas. Hasta el 2030 la ambiciosa meta es poner fin a la degradación y sumar esfuerzos para que los ecosistemas sigan brindando los beneficios que todos y todas necesitamos.

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