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El populismo amenaza a América Latina

Crece Brasil, pero se agravan problemas en México y Chile.

De acuerdo a las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía de América Latina se expandirá 1.6% en el 2020 y 2.3% en el 2021. La región puede seguir avanzando gracias a que la administración Bolsonaro ha logrado estabilizar la economía de Brasil, sobre todo luego de la reforma de pensiones que apunta a reducir el déficit fiscal y después de la tragedia de la mina Brumadinho, que causó más de 300 muertos y afectó las posibilidades de la minería.

América Latina, en los últimos años, ha venido creciendo por debajo del promedio de expansión mundial debido a que los proyectos populistas y estatistas, simplemente, hundieron las posibilidades de inversión en los gigantes de la región, como Brasil (antes de Bolsonaro), Argentina y Venezuela. En este último país, por ejemplo, desde la llegada de Hugo Chávez al poder, el estatismo chavista ha reducido a la mitad el PBI y ha arrojado a más del 85% de la población por debajo de la línea de pobreza.

No es extraño entonces que ahora las proyecciones del FMI con respecto a la expansión económica del México de Manuel López Obrador se tornen pesimistas. El organismo multilateral redujo la proyección de crecimiento de la economía mexicana a 1%; es decir, 0.3% menos que lo pronosticado en octubre pasado. El discurso y los gestos del mandatario mexicano comienzan a contraer la inversión privada y los círculos virtuosos que, no obstante los problemas acumulados, había creado el Tratado de Libre Comercio del Norte, con Estados Unidos y Canadá. 

La virtual insurrección que se vive en Chile, igualmente, ha echado sombras alrededor de las posibilidades del otrora milagro económico y social de la región. Todas las proyecciones señalan que el país sureño apenas crecerá 1% en el 2020, no obstante que antes del estallido social se proyectaba una expansión sobre el 3%.

Como se aprecia, el populismo parece ser un mal endémico de la región. El crecimiento de América Latina por debajo del promedio mundial y su casi nula posibilidad de seguir reduciendo pobreza, como lo hacía durante el super ciclo de los precios de los commodities, se explica porque la región no ha emprendido una nueva ola de reformas económicas, tal como sucedió en los noventa. Y la causa principal de este bloqueo reformista tiene que ver con la predominancia del discurso populista, colectivista y neomarxista que pretende frenar las reformas laborales, de los sistemas de pensiones y de otros sectores que implican una relación más sana entre el gasto social y las demandas de la sociedad. En Chile, por ejemplo, se sueña con un sistema de pensiones a semejanza de los países desarrollados, a pesar de que el ingreso per cápita del país sureño apenas es un tercio del de una sociedad desarrollada.

Los países de América Latina son sociedades de ingreso medio que, desde los noventa hasta la fecha, y gracias a una ola de reformas, lograron reducir la pobreza de manera significativa. Sin embargo, la falta de un nuevo ciclo reformista ha terminado ralentizado el crecimiento de manera dramática e interrumpiendo el proceso de reducción de pobreza a tal extremo que los ex pobres (hoy clases medias precarias) se vuelven en contra del modelo y caen en la demagogia del populismo.

Los estallidos sociales en la región, de una u otra manera, expresan la desesperanza frente al final de un ciclo de expansión del bienestar. El discurso colectivista, en vez de denunciar el fracaso del Estado en la creación de oportunidades iguales para todos, busca demonizar a la economía de mercado y a la inversión privada. En otras palabras, pretende eliminar a los únicos actores que han funcionado en las últimas décadas y que todos explican los avances logrados.

Fuente: Montonero

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